La invasión a Mali despabila a EE.UU.

La invasión a Mali despabila a EE.UU.

Es verdad que la Casa Blanca nunca estuvo dormida respecto al Africa: entre otras cosas, viene entrenando a tropas de 34 países y el Comando Estadounidense para Africa (Africom, por sus siglas en inglés) con sede en Stuttgart, encargado de los operativos militares “para apoyar la democracia y la libertad” en el continente negro, ha instalado numerosas bases que llevan el nombre gentil de “locaciones cooperativas de seguridad”. Pero la invasión francesa de Mali abrió las puertas para concretar la denominada “lucha contra el terrorismo” en Africa. Es decir, la guerra, como en Irak, como en Afganistán.

Enfrentar la amenaza de Al Qaida es, como de costumbre, la consigna que enarbolan Washington y París, su socio menor en la OTAN. Pero la cuestión no es tan clara. Como señala Patrick Cockburn, ex corresponsal en Medio Oriente del Financial Times: “La insurgencia nacionalista tuareg, y no el islamismo radical, es el corazón de la crisis en Mali. ¿Qué está haciendo AQIM (nombre del grupo jihadista presuntamente afín a Al Qaida) en el norte de Mali, que nunca fue en el pasado un bastión de los fundamentalistas? AQIM es un movimiento que emergió de la guerra civil de los ’90 en Argelia. Fundado en 1998, sus miembros se trasladaron al norte de Mali en el 2003, cuyo gobierno los consideró una contrapartida de los separatistas tuareg” (www.counterpunch.org, 21-1-13).

En efecto, el gobierno maliense no sólo ha tolerado los operativos de AQIM en la última década: también sacó provecho de los secuestros y del narcotráfico practicados por los falafistas jihadistas. Siempre desvió a AQIM la ayuda militar internacional recibida para impedir el secesionismo tuareg. Agrupados en el Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad (MNLA, por sus siglas en inglés), los tuaregs se rebelaron en el 2012, desalojaron del norte de Mali a las tropas del ejército y declararon la independencia de Azawad, un territorio que comprende el 60 por ciento del país. El gobierno maliense usó a AQIM para combatir al MNLA, que se caracteriza por su laicismo.

Es confusa además la relación de AQIM con Al Qaida. “A menudo se lo describe como una ‘rama’ de la central de Al Qaida a la que Osama bin Laden dio fama”, señala The Washington Post. Agrega: “Es muy difícil conocer la conexión exacta entre los líderes de AQIM en Argelia y los que operan muy lejos en Irak y Afganistán. Pero la trayectoria de AQIM sugiere que sobre todo actúa por cuestiones locales, más que en función de la ‘jihad global’ que impulsa la central de Al Qaida” (www.washingtonpost.com, 17-1-13).

Francia combate ahora contra AQIM y, en particular, contra el MNLA. Es que el separatismo tuareg podría ganar adeptos en las naciones vecinas. Azawad, que alguna vez fuera un Estado no reconocido, abarca zonas del norte maliense, pero también del norte de Níger, el sur de Argelia y el sur de Libia. Y muy cerca, en Níger, Francia explota dos minas de uranio que satisfacen el 30 por ciento del abastecimiento de su sistema nuclear, que proporciona el 75 por ciento de la electricidad que insume. Está instalando la tercera, pero sería subestimar el verdadero núcleo de la cuestión reduciéndola a los intereses de Francia.

El problema para Occidente en Africa es, en realidad, China. A lo largo de los años, Beijing ha instalado unas 2000 fábricas propias en distintos países del continente, una inversión indirecta cuyo monto el Banco Mundial estima en 33.000 millones de dólares. El comercio chino-africano fue por valor de 200.000 millones de dólares en el 2012 y aumenta a una tasa anual del 33,6 por ciento (www.chinadaily.com.cns, 19-7-12). Y luego, las inversiones en la explotación de materias primas, petróleo incluido: 90.000 millones de dólares hasta mediados del año pasado (www.businessinsider.com, 27-6-12).

La síntesis de la cuestión sería contener a China detectando a Al Qaida en todas partes, fatigado pretexto para intervenir militarmente. En Washington se habla ya de una larga guerra en toda la región del Sahel, que se extiende desde el Atlántico hasta el Mar Rojo. Un funcionario estadounidense se refirió a la intervención occidental en Mali: “Va a tomar mucho tiempo y tiempo significa que puede durar varios años” (www.washibgtonpost.com, 28-1-13). “Algunos altos funcionarios y mandos militares del Pentágono advierten que, sin una acción más agresiva de EE.UU., Mali podrá convertirse en un refugio para los extremistas” (www.latimes.com, 18-1-13).

La Casa Blanca diseña un plan para instalar una base permanente de aviones no tripulados en Africa, según The New York Times. Un funcionario declaró a este periódico que tal base “está directamente relacionada con la misión en Mali, pero también le daría al Africom una presencia más perdurable” (www.nytimes.com. 28-1-13). Como dijera el nuevo secretario de Estado, John Kerry, ante el Senado: “China está en toda Africa, repito, en toda Africa. Y están comprando contratos a largo plazo para la explotación de minerales. Y hay algunos lugares en los que no estamos en el juego. Y odio decir esto. Y tenemos que entrar” (www.upi.com, 24-1-13). Cristal clear, como dicen por allá.

Los judíos negros, el “cáncer” de Israel

Nadie sabe con certeza por qué existen antiquísimas comunidades de negros judíos en Africa, en Etiopía, Eritrea, Sudán, Zimbabwe. No hay registros de este hecho, pero abundan las hipótesis: se dice que podrían ser descendientes de Menelik I, presunto hijo del rey Salomón y la reina de Saba. O miembros de Dan, una de las doce tribus hebreas mencionadas en el Antiguo Testamento (Génesis, I 29-31), que se habrían establecido en Etiopía. Lo cierto es que los lemba de Sudáfrica practican la circuncisión, no trabajan un día a la semana que dedican a rezar, no comen carne de cerdo ni de hipopótamo, que consideran afín al cerdo (www.gentiuno.com, 24-2-07) y observan otras prácticas judías comunes.

Miles de ellos emigraron a Israel en tiempos recientes huyendo del sangriento campo de batalla y de hambre en que zonas de Africa se han convertido desde hace décadas. Se estima que su número se acerca a los 60 mil y provienen sobre todo de Etiopía, Eritrea y Sudán, también de Ghana y Nigeria. Empresarios israelíes han traído a no pocos a fin de que se ocupen de los trabajos más duros y despreciables para los israelíes blancos. La extrema derecha nacionalista de Israel los ha convertido en blanco fácil de su propaganda, en especial en estos meses preelectorales. Pero viene de antes.

Miri Regev es una de las líderes del movimiento que persigue la expulsión de los negros de Israel, aunque sean judíos como ella. Ex brigadier general del ejército, reiterada ocupante de una banca en el Knesset o Parlamento israelí y figura política destacada del Likud gobernante, organizó y encabezó un mitin en Tel Aviv demandando la expulsión de sus correligionarios sudaneses asilados en la Tierra Prometida, a los que calificó de “cáncer en el cuerpo” de Israel que se debe erradicar (www.huffingtonpost.com, 24-5-12). La aplaudían unos mil manifestantes que gritaban “infiltrados, fuera de nuestra casa”. Hay, al parecer, judíos infiltrados en Israel.

Miri Regev pidió disculpas en Facebook por el exabrupto y el gobierno israelí criticó la violencia que desataron los participantes en el mitin contra pasantes negros. Pero la realidad es otra. El año pasado, Haim Mual, 20 años, fue detenido por arrojar una bomba Molotov contra un orfanato para niños africanos. No lo consideraron un delincuente racista y la sentencia fue benigna: tres meses de arresto (The Jerusalem Post, 29-4-12). Miri insiste: “Dios prohíbe –dijo– que comparemos a los africanos con seres humanos” (//elec tronicintifada.net, 31-5-12). El mismo criterio que los conquistadores españoles aplicaron hace siglos a los pueblos originarios de América latina.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanhayu, no está muy lejos del pensamiento de Miri. “Si no impedimos su ingreso (el de los africanos), el problema es que si hoy son 60 mil pueden llegar a 600 mil y esto amenaza nuestra existencia como Estado judío democrático… nuestra seguridad nacional y nuestra identidad nacional”, declaró en una reunión de gabinete (//mg.cpo.za, 21-5-12). Fueron declaraciones motivadas por delitos cometidos en un barrio de Tel Aviv de alta concentración migratoria africana. Pero según datos de la policía israelí citados por Hotline for Migrant Workers, la tasa delictiva de extranjeros en Israel fue del 2,04 por ciento en el 2010; la de los israelíes más del doble: se elevó al 4,99 por ciento (www.guardian.co.uk, 20-5-12).

Otros funcionarios y políticos piden la deportación de los africanos, aunque sean judíos, a países en los que la prisión o la muerte los espera. Al ministro del Interior, Eli Yishai, poco le importa: “No soy responsable de lo que pasa en Eritrea y Sudán, la ONU lo es” (www.haaretz.com, 20-5-12). El gobierno está construyendo un muro de 240 km de largo en la frontera de Israel con Egipto para bloquear la entrada de emigrantes futuros.

Un sector de la sociedad civil israelí se opone a esas políticas y ha llevado a cabo manifestaciones para condenarlas. Pero según los índices del Instituto de la Democracia en Israel correspondientes a mayo del 2012, un 52 por ciento de los israelíes encuestados coincidieron con las declaraciones oncológicas de Miri Regev y un arco del 30 al 40 por ciento se mostró particularmente molesto por la presencia en Israel de trabajadores de otros continentes. El porcentaje ascendió al 56,7 por ciento en el caso de los ghaneses y nigerianos y al 65,2 por ciento para sudaneses y eritreos.

Es notorio que muchos israelíes y sionistas califican de “antisemitas” y de “judíos que se odian a sí mismos” a personas del mismo origen que están totalmente de acuerdo con la existencia del Estado de Israel, pero critican las políticas que sus gobiernos perpetran contra los palestinos. ¿Qué cualidad habría que adjudicarle a Miri Regev y demás judíos israelíes que desprecian y humillan a otros judíos y se empeñan en expulsarlos de Israel?

La bendita enmienda

La matanza de seis adultos y veinte niños en una escuela primaria de Newtown causada por un inestable mental es la más mortífera de ese tipo en la historia de EE.UU. y ha puesto otra vez sobre el tapete la discusión entre quienes desean que se controle la venta de armas a civiles y quienes proclaman que esas eventuales regulaciones violan la Segunda Enmienda de la Constitución de EE.UU., aprobada por el primer Congreso del recién nacido país en 1789. Su texto establece: “Dado que una milicia bien regulada es necesaria para la seguridad de un Estado libre, no se deberá infringir el derecho de las personas a portar armas”. Es decir, se trataba de una medida destinada a garantizar la seguridad ciudadana, no a socavarla.

El segundo Congreso (1791/93) ratificó y precisó el alcance de la medida: todos los blancos en edad militar obtuvieron un mosquete y equipo para servir en las milicias: “La idea fue que los jóvenes pudieran resistir una agresión de países europeos, enfrentar a las tribus nativas en la frontera y sofocar rebeliones internas, incluidas eventuales rebeliones de los negros. No había nada particularmente idealista en la disposición, el objetivo era la ‘seguridad’ de la joven nación”, señala Robert Parry (//election.democraticunderground.com, 15/12/12).

Huelga decir que una cosa es un mosquete, que se debía cargar después de cada tiro, y muy otra el rifle de asalto semiautomático Bushmaster 233, una de las armas con las que Adam Lanza perpetró la matanza. Pero a la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) –y al complejo militar-industrial que produce un armamento cada vez más avanzado– poco y nada les importa el transcurso de más de dos siglos y el cambio radical de situación consiguiente. Son “constitucionalistas” cuando de armas se trata.

Hubo ya matanzas masivas de civiles con armas de fuego en EE.UU. durante la década pasada y aun ésta. La mitad, las doce más mortíferas, tuvieron lugar desde el 2007. En realidad, la cifra queda chica si se la compara con la lista de 62 páginas de tales masacres que desde 2005, con mayor o menor número de víctimas, viene registrando la Campaña Brady para prevenir la violencia armada (www.bradycampaign.org, diciembre de 2012). Es mucha sangre y se debe en buena medida al poderío de la NRA y a su enjundioso cabildeo en apoyo de candidatos al Congreso que apoyan su objetivo central: respeto a la Segunda Enmienda.

Un estudio del Centro de Políticas Responsables revela que, desde 1990, la NRA ha contribuido con 29,2 millones de dólares a las campañas de candidatos al Congreso y a la Casa Blanca. Un 87 por ciento de esa cifra fue para republicanos. En el ciclo electoral más reciente, el pool pro-armas donó 3,1 millones de dólares a tales candidatos y gastó 5,5 millones en cabildeo (www.alternet.org, 15/12/12). En el 2011 y hasta agosto del 2012, el NRA financió el 60 por ciento del gasto en cabildear de ese pool, también integrado por propietarios de armas de fuego de EE.UU. y otros grupos (www.opensecrets.org, diciembre de 2012).

Atribuir a la NRA responsabilidad por la tragedia de Newtown es obligado, pero cabe preguntarse qué han hecho o hacen los tres poderes estadounidenses al respecto. El presidente Obama prometió cambios en la materia, pero no precisó cuáles. No pocos de sus antecesores en el cargo anunciaron lo mismo al producirse matanzas similares, pero Bill Clinton fue el único que impuso algunas restricciones a la venta de armas de fuego a los civiles: esas normas prescribieron hace casi un decenio. Sólo ahora algunos demócratas bregan para que se establezcan controles.

La opinión pública estadounidense se muestra dividida sobre el tema. Una encuesta de ABC News/Washington Post que se llevó a cabo del 14 al 16 de diciembre revela que un 54 por ciento de los interrogados demanda leyes más estrictas relativas al control de armas, mientras un 43 por ciento se opone (www.pollingreport.com, 16/12/12). Otro sondeo de Reuters/Ipsos indica, sin embargo, que la proporción de quienes se pronuncian por la promulgación de leyes que obliguen a una estricta revisión de antecedentes del comprador se elevó al 84 por ciento (www.dailypress.com, 17/12/12), algo menos abarcador en lo que hace a las medidas posibles: permitiría que continúe la venta de armas largas.

El Pew Research Center de Washington indagó algo de fondo: preguntó a 746 adultos si la matanza de Newtown fue el mero acto de un individuo perturbado o reflejaba la existencia de problemas más vastos en la sociedad estadounidense. Las opiniones, nuevamente, resultaron divididas: un 44 por ciento se pronunció por lo primero y un 47 por ciento por lo último (www.people-press.org, 17/12/12).

El lunes pasado, apenas a tres días de la tragedia de Newtown, la policía de Cedar Lake, Indiana, detuvo a Von. I. Mayer, un señor que había amenazado con “matar a todos los que pudiera” de una escuela vecina. Encontraron 47 armas de fuego y las municiones correspondientes escondidas en su casa (www.salon.com, 16/12/12). Vaya.

El dilema sirio

La Casa Blanca oscila entre convertir a Siria en otra Libia o continuar su guerra encubierta mediante la ayuda de todo tipo que presta a los rebeldes para terminar con el régimen que preside Bashar al-Assad. La oscilación es perceptible de semana en semana: la anterior, el jefe del Pentágono, Leon Panetta, y otros altos funcionarios y diplomáticos del gobierno Obama advirtieron que Al-Assad se aprestaba a utilizar armas químicas en lo que es ya una guerra civil, lo cual justificaría la primera opción (//worldnews.nbcnews.com, 5-12-12). Pero el martes pasado, Panetta bajó el tono: sugirió que ese peligro había disminuido, señal, tal vez, de que Washington insistirá solamente en sostener a la oposición. Por ahora.

Siria niega poseer armas químicas. Si así fuere, se estaría recurriendo a la misma argumentación que sirvió para invadir Irak y descubrir, finalmente, que Hussein no tenía armas de destrucción masiva, como cada hora proclamaba W. Bush. De todos modos, EE.UU. y algunos aliados de la OTAN han contratado a especialistas en guerra química para entrenar a combatientes del Ejército Sirio Libre en el aseguramiento y manejo de los arsenales de tales armas. Esta capacitación tiene lugar en Jordania, Turquía y Siria misma (//securityblogs.cnn.com, 9-12-12).

Esto entrañaría otro peligro, si Al-Assad cuenta con esas armas: que caigan en manos de una oposición en la que ganan fuerza los jihadistas y grupos afines a Al Qaida. El The New York Times señaló en octubre un hecho preocupante: “La mayoría de las armas enviadas por cuenta de Arabia Saudita y Qatar para abastecer a los rebeldes sirios que combaten contra el gobierno de Bashar al-Assad van a parar a manos de jihadistas islámicos radicales”. A pesar de ello, EE.UU. sigue coordinando los envíos.

Un grupo de miembros de la CIA que opera en el sur de Turquía decide a cuál de las numerosas facciones de los rebeldes deben ir los rifles automáticos, los lanzagranadas y los cañones antitanque que también Ankara financia (www.nytimes.com, 21-6-12). Pero su destino final no obedece a la CIA: “Los grupos opositores que están recibiendo la mayor parte de la ayuda letal (léase ‘armas’) son exactamente aquellos que no queremos que la tengan”, informó un funcionario estadounidense experto en el tema (www.nytimes.com, 14-10-12). En esto sobresale Qatar, “que destina sus envíos sobre todo a los islamistas duros”.

Es éste otro dilema o, como se dice, “riesgo calculado” para la Casa Blanca: Al-Qaida tiende a lograr un papel preponderante en la lucha rebelde. Circula un video en el que hombres enmascarados se atribuyen la pertenencia al Ejército Libre Sirio. “Estamos formando células suicidas para hacer la jihad en nombre de Dios”, dice el locutor en árabe clásico, como solía hacer Bin Laden. Al fondo de la imagen penden dos banderas de Al Qaida (www.nytimes.com, 24-10-12). Se trata de terroristas de una nueva agrupación, Jabhat al-Nusra (El Frente de Apoyo), estrechamente relacionada con Al Qaida o de Al Qaida directamente.

Al parecer, el número de sus miembros no alcanza el millar. Pero, además de los atentados terroristas suicidas que realizaron en Damasco y causaron centenares de muertos, se han convertido en elementos fundamentales para facilitar el avance de los combatientes rebeldes. Funcionarios estadounidenses han revelado que los operativos de esta fracción “los lleva a cabo la misma gente y con las mismas tácticas de Al Qaida en Irak” y que “muchos de sus integrantes son sirios que dicen haber peleado con Al Qaida en Irak” (www.mcclatchydc.com, 2-10-12). Donde, a un año de la retirada de la mayoría de los efectivos estadounidenses, siguen perpetrando atentados terroristas.

Armas y dólares de EE.UU. en manos del enemigo: es una extraña situación que origina otras no menos extrañas. El lunes pasado, EE.UU. informó oficialmente que Jabhat al-Nusa había sido incorporado a la lista de organizaciones terroristas, un intento de la Casa Blanca de “marginar a los extremistas que se han vuelto una fuerza militar cada vez más poderosa dentro de la oposición” (www.washingtonpost.com, 10-12-12). Y hete aquí que 83 batallones y grupos diferentes del campo rebelde, nunca vinculados a AlQaida que se sepa, firmaron un petitorio en el que se solidarizan con Jabhat al-Nusa y critican la decisión estadounidense (www.microsofttranslator.com, 11-12-12). Se explica: ese grupo tiene experiencia de combate y efectúa las tareas más peligrosas en el frente.

Las alianzas con sectores islamistas que la Casa Blanca construye para seguir aplicando su estrategia de cambio de regímenes en Medio Oriente no parece rendir frutos muy brillantes. Lo confirmarían, si pudieran hacerlo, los cuatro estadounidenses, incluido el embajador Chris Stevens, asesinados en Benghazi sin que los milicianos organizados por EE.UU. movieran un solo dedo para impedírselo a sus compañeros islamistas.

EE.UU. vs. ONU

La Organización de las Naciones Unidas se fundó el 24 de octubre de 1945 en San Francisco, California, pero el país que le dio cuna y luego asiento en Nueva York no la quiere demasiado. Tampoco le preocupa el cumplimiento cabal de los pactos y convenciones que ha firmado o adherido o de los que es Estado-parte. Con su capacidad de veto en el Consejo de Seguridad de la organización internacional más importante del planeta, no vacila en vedar acuerdos aprobados por los representantes de 193 países que integran su Asamblea General.

Rusia, China, Francia y Reino Unido, en su calidad de miembros permanentes del Consejo, no han dudado en vetar resoluciones que hieren sus intereses o posiciones geopolíticas y no están exentas de incumplir tratados que aprobaron. La campeona fue la ex Unión Soviética, lo usó 120 veces, pero desde fines de 1991 cuando se convirtió en Federación Rusa sólo tres; EE.UU. en 81 ocasiones, el Reino Unido en 32, Francia en 18 y China en cinco. Sin embargo, nunca dejaron de aportar su cuota al financiamiento de los diversos organismos de la ONU, como hizo la Casa Blanca el 11 de noviembre del 2011 con la Organización de las Naciones Unidas por la Educación y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) cuando una aplastante mayoría de sus miembros aprobó el ingreso de la Autoridad Palestina como Estado con pleno derecho.

La primera vez fue más dura: en 1984, EE.UU. se retiró de la Unesco –a la que reingresó en el 2003–, inconforme con las políticas de su director general entonces, el ex ministro de Educación y Cultura de Senegal Amadou-Mahtur M’Bow, el primer negro africano en ocupar ese cargo. Le criticaba sus posiciones “antioccidentales” en materia de desarme, la cuestión palestina y el apartheid sudafricano y, en particular, la polémica iniciativa de establecer un nuevo orden mundial de la información y la comunicación. Singapur y el Reino Unido también se retiraron en 1985, infligiendo un duro golpe al ya flaco presupuesto de la organización.

La disconformidad estadounidense más reciente fue despertada –más bien tarde– por la Convención de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad, aprobada en diciembre del 2006 y “concebida como un instrumento de derechos humanos con una dimensión explícita de desarrollo social” (www.un.org). Ratificada por 126 naciones a las que insta a “garantizar que las personas con discapacidad gocen de los mismos derechos que sus conciudadanos”, EE.UU. es uno de sus 155 signatarios. El Partido Republicano y no pocos demócratas y aun autoproclamados libertarios se oponen a que tal “despropósito” ocurra. El verdadero despropósito es el argumento de semejante negativa.

Betsy Woodruff aduce en la muy conservadora National Review que “podría potencialmente socavar la soberanía estadounidense” (www.nationalre view.com, 3/12/12). El libertario Instituto Cato aduce lo mismo y aplaude la decisión del Senado de rechazar la ratificación del tratado por 61 votos contra 38 (www.cato-art-liberty.org, 4/12/12). Pero conviene remitirse a lo señalado por The New York Times: “La Convención carece de las disposiciones necesarias para alterar o invalidar las leyes de EE.UU. y cualquier recomendación que de ella emane no sería vinculante para el Estado o los gobiernos federales o los tribunales federales” (www.nyti mes.com, 3/12/12). Porque el punto es precisamente ése: no es un tratado vinculante, es decir, no obliga a sus signatarios a acatarlo. En realidad, la cuestión es otra: el déficit presupuestario brutal de EE.UU.

El comité de agricultura de la Cámara de Representantes aprobó un corte de más de 16.000 millones de dólares de la financiación del llamado Programa de alimentos por estampillas que facilita la nutrición de numerosas familias pobres. Si se aprobara ese proyecto de ley, de dos a tres millones de personas perderán tal ayuda por completo (www.disabled-world.com, 28/7/12). Por su parte, la presidenta demócrata del Senado, Debbie Stabenow, aboga por un recorte mayor (www.washigtonpost.com, 5/12/12). El ejercicio de la soberanía, entonces, consistiría en el derecho a empobrecer aún más a los pobres.

Otra cuestión que irrita a los neoconservadores, y también mienten sobre ello, es el llamado Plan 21, uno de los muchos documentos de la ONU que, en este caso, versan sobre el desarrollo sustentable en el siglo XXI. El ex periodista estrella de Fox News, Glenn Beck, abandera el repudio: dijo en relación con este plan que “cuando (la ONU) hunda sus colmillos en nuestras comunidades, les chupará toda la sangre y no podremos sobrevivir. Tengan cuidado” (//media matters.org, 17/6/11). Nada que ver: la propuesta no es vinculante.

John Bolton, ex embajador de EE.UU. ante la ONU designado por W. Bush, fue quien mejor definió la actitud de la Casa Blanca hacia la organización mundial: “No hay Naciones Unidas –dijo–. Lo que hay es una comunidad internacional que ocasionalmente puede ser dirigida por el único poder real que existe en el mundo y ese poder es Estados Unidos” (www.de mocracynow.org, 31/3/05). Oiga.