Muere a los 83 años el poeta…

Muere a los 83 años el poeta…

A las cuatro y media de este martes, en su casa de la colonia Condesa de la Ciudad de México, donde vivía desde 1988, falleció el poeta argentino Juan Gelman, tranquilo y arropado por los suyos, según confirmaron a este periódico fuentes familiares. Hace menos de un año en una entrevista a este medio, el poeta argentino (Buenos Aires, 1930), ya enfermo, se mostraba como un hombre que no desdeñaba la vida, pero que a la vez, no temía a la muerte. “No creo que llegue a los cien años. Y aunque quiero ver casarse a mis nietos o tener algún bisnieto, creo que Dios, si existe debe estar aburridísimo de su eternidad”, decía.

Fuentes familiares citadas por EFE atribuyen la muerte al síndrome de mielodisplasia, una disfunción de la médula ósea. El velatorio se celebrará este miércoles y no hay prevista ninguna ceremonia oficial.

Hijo de emigrantes ucranianos, se enamoró de la poesía con los versos de Pushkin en ruso que recitaba su hermano, y que él no comprendía, y escribió sus primeros poemas para sus amores de barrio de su Buenos Aires natal. No recordaba esos primeros renglones, porque trataba de olvidar todo, pero sí se acordaba de algo: “Ella se llamaba Ana”.

Tras esos primeros escarceos con el verso, se hizo poeta, contra el criterio de su madre, que le auguraba que nunca se ganaría la vida con eso. Pero se equivocó. Autor de libros como Violín y otras cuestiones, El juego en que andamosVelorio del soloGotán, SefiníCólera Buey, Mundar u Hoy, su última obra, el poeta alcanzó el reconocimiento unánime de las letras españolas y ganó entre otros el premio Cervantes, el Juan Rulfo, el Neruda y el Reina Sofía de Poesía Latinoamericana.

Maestro de un “oficio ardiente”, de versos que hablan del amor, la muerte y el dolor, combinó la poesía con la militancia política y su defensa de los derechos humanos. Sin embargo, desdeñaba el término de “poesía comprometida” porque creía que la ideología y la obra de un escritor estaban a menudo conectadas por canales oscuros.

La lucha contra la dictadura en su país, cuyos terribles efectos sufrió en sus propias carnes, marcó su vida y su obra. Integrante de los Montoneros, grupo guerrillero de la oposición de izquierdas, desde 1976 permaneció en el exilio. Tras una protesta liderada por varios escritores, entre ellos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, la orden de captura contra él fue revocada en 1988. Un año después fue indultado por el Gobierno de Carlos Menem, pero Gelman mantuvo su residencia en la capital mexicana, donde se había instalado un año antes.

Pero las peores cicatrices de la dictadura no se las dejó el exilio. Su hijo y su nuera, embarazada, desaparecieron durante el régimen militar y el poeta no reencontró a su nieta hasta 23 años después. Muchas veces dijo que el dolor de perder a un hijo no acababa nunca. Pero decidió no escribir desde el odio, “que nos hace daño”, sino desde la pérdida. E incluso se mostró conciliador con, quienes como Borges, apoyaron en su momento la dictadura. “No hay que digerir de sus ideas, solo hay que comprender”.

En los últimos tiempos, la enfermedad le había hecho perder algunas de las ilusiones que impulsaron su obra, aunque seguía mostrándose cordial y caluroso en la corta distancia. Paseaba, fumaba, leía. Mantenía un apoyo crítico al Gobierno de su país. Escribía hasta hace pocos meses una columna semanal en el diario argentino Página 12, y seguía desde la lejanía a su equipo de toda la vida, el Atlanta, de la segunda división argentina.

Apoyaba movimientos de protesta, como el 15-M de España o el 132 en México, aunque en la intimidad se sentía desesperanzado por el avance del gobierno de la economía, del poder del Banco Mundial, del FMI o del BCE sobre la política. Una tendencia que le parecía peligrosa, pero no tanto como el “acostumbramiento” que nos había invadido a todos. “Se ha instalado toda un sistema para recortarnos el espíritu”, concluía en su última entrevista a este periódico.

Nada más conocerse la noticia de su fallecimiento, Twitter se llenó de muestras de afecto y condolencia de ambos lados del Atlántico y, sobre todo, de Argentina y México, su tierra natal y la segunda patria afectiva del poeta. “Terrible noticia, no puede ser más triste este día”, escribió Marisol Schulz, directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. “Juan Gelman, poeta de alma mexicana, poeta de alma mayor, ha muerto. Mi pésame a sus deudos”, tuiteó Rafael Tovar y de Teresa, presidente de Conaculta, el más alto organismo cultural de México. El actor hispano-argentino Juan Diego Botto, hijo de un desaparecido de la dictadura, lo recordó así: “Genial poeta, admirable pensador y luchador y referente ético. Que pena tan grande”.

Muere a los 83 años el poeta argentino Juan Gelman
P
ublicado en El País

“Se ha instalado todo un sistema para recortarnos el espíritu”

“Se ha instalado todo un sistema para recortarnos el espíritu”

BERNARDO MARÍN México / El País 28/4/13

Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) la poesía se la inoculó la música de unos versos que no entendía, los de Pushkin, que recitaba en ruso su hermano mayor. Con nueve años, compuso sus primeros poemas para seducir a Ana, una chica de su barrio, un amor imposible porque ella tenía 11. Fracasó en la conquista, pero siguió escribiendo y 15 años después se dio cuenta de que quería ser poeta. Su madre, emigrante ucrania, recibió el anuncio con la inquietud de quien desea la prosperidad para sus hijos. “Nunca vas a ganar dinero con eso”, le dijo. Pero a la vez sonrió porque, junto a la noticia, su hijo traía en la mano su primer libro impreso.

La profecía de su madre se cumplió a medias. “Los derechos de autor no dan para vivir pero la dotación de algunos premios me ha ayudado”, cuenta el poeta argentino desde el apacible salón de su casa en la capital mexicana. Gelman ha ganado entre otros el Juan Rulfo, el Neruda, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Cervantes. Escribe una columna semanal en el diario argentino Página 12. Lee, pasea, ve los noticieros y sigue en la distancia al Atlanta, el equipo de su barrio, gran rival del Chacarita, que aspira a subir a la Primera División, y que cuenta con su “estímulo permanente”.

La vida del poeta quedó marcada por la desaparición de su hijo y de su nuera embarazada durante la dictadura militar, por la búsqueda de su nieta robada al nacer, y por el rencuentro con ella 23 años después. Gelman ha dicho muchas veces que el dolor de perder a un hijo no acaba nunca. Pero no escribe desde el odio, “que nos hace daño”, sino desde la pérdida. Y esa pérdida está también en el génesis de su último libro, Hoy, que será publicado próximamente tras reposar en el horno unos meses.

Gelman se muestra cálido con el fotógrafo y el periodista. Toma café, pero les ofrece un tequila aunque son las once de la mañana. Habla muy bajito, como si no diera importancia a lo que dice. Y apostilla con sorna algunos de sus comentarios. ¿Se puede escribir poesía sin tener sentido del humor? No lo sabe, pero todos los poetas que conoce, lo tienen.

Pregunta. ¿Y por qué ha titulado Hoy su nuevo libro?

Respuesta. Pensé que usted me lo diría… (sonríe). No, simplemente me pareció que ese era el tema. Son 290 o 300 textos breves, muy condensados, para no molestar al lector. En prosa poética, o poesía en prosa, como prefiera. Lo del reposo… sirve para librarse de la calentura en el momento de escribir. Pero apenas los cambio. Cuando el poema se escribió, se murió. Con los arreglitos, y hablo de mi caso, me siento traicionando el mejor momento de la creación, que es de la escritura. Aunque uno escriba disparates.

P. ¿Y desde qué sentimiento lo escribió?

R. Mire, le voy a contar algo que está en el origen del libro. Entre los culpables del asesinato de mi hijo había un general que fue condenado a prisión perpetua. Cuando dictaron la sentencia algunos jóvenes que ni siquiera habían vivido la dictadura saltaban de alegría. Pero yo no sentí nada. Ni odio, ni alegría ni nada. Y me pregunté por qué y eso me llevó a escribir, para explicarme qué había pasado, aunque, como todos los libros, empezó de una manera y siguió por otra. Quité los textos iniciales, porque eran testimoniales y eso es periodismo. Pero surgió el tono poético necesario para escribir un resumen de lo que sé, o creo que sé, de los 35 años que pasaron desde la muerte de mi hijo.

P. A usted no le gusta el término “poesía comprometida”, aunque es una persona que en su vida se ha comprometido políticamente. ¿Se puede separar al autor de su ideología política?

R. El lugar que la ideología ocupa en la subjetividad de un escritor me parece pequeño, según los casos, claro. Y la relación entre la escritura y el pensamiento político tienen canales muy oscuros. Ezra Pound hizo propaganda para Mussolini pero también compuso un poema sobre la usura que ningún marxista-leninista-maoísta-fidelista hará jamás. Balzac era monárquico, pero los personajes más simpáticos de sus novelas eran republicanos. ¿Alguien conoce la ideología de Shakespeare? ¿Se sabe si era comunista o fascista?

P. Y eso explica que usted pueda admirar por ejemplo la obra de Borges, que fue cuando menos tolerante con la dictadura militar que tanto daño le hizo…

R. A mí la obra de Borges me parece extraordinaria, aunque no me gusta tanto su poesía como su prosa. De chico yo le defendía de mis compañeros comunistas que lo acusaban de “amigo de los terratenientes” y cosas así. La política no le interesaba, no estaba en eso. Se dejó condecorar por Pinochet, dijo que con Franco todo era mejor… Pero hay una cosa que apenas se sabe. A principios de los 80 firmó una solicitud de las Madres de Plaza de Mayo pidiendo la aparición con vida de los desaparecidos. Y cuando al final de su vida le preguntaron en la BBC por su apoyo a la dictadura, se le empozaron sus ojos ciegos y explicó que no había estado muy informado y que había vivido rodeado de cierto ambiente. “Ignorancia, como decía Samuel Johnson”, dijo. No hay nada que digerir de las ideas de Borges. Solo hay que comprender.

P. Decía precisamente Borges de uno de sus personajes: “Le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos que vivir”. Usted ha sufrido guerras, dictaduras, exilios, grandes tragedias en su propia familia… pero considera que los tiempos actuales son particularmente terribles…

R. Sí, este momento me atemoriza mucho. No solo por la crisis económica, sino la crisis espiritual, y no me refiero a la religión. Pareciera que se ha instalado todo un sistema para recortarnos el espíritu, para convertirnos en tierra fértil de autoritarismos. Y hay una especie de acostumbramiento, que es lo peor que le puede pasar al ser humano: al terrorismo, al genocidio por hambre, a la falta de educación para todo el mundo.

P. ¿Y cómo ve la situación en su país, Argentina?

R. Yo apoyo al Gobierno actual, es el mejor en varias décadas. No quiere hacer la revolución socialista, sino volver al capitalismo clásico, basado en la producción y no en la especulación. Pero hay muchos intereses en contra, como los dueños de la tierra. No hay que minimizar las protestas de la oposición, pero lo curioso es que esa reacción no propone nada. Y sería muy bueno que propusiera algo, para cambiar lo que está mal hecho.

P. Han elegido Papa a un compatriota suyo. En un artículo periodístico publicado recientemente usted mostró sus reservas sobre el cardenal Bergoglio.

R. Sí, tengo mis dudas. Y cuento una experiencia personal: hablé con él cuando buscaba a mi hijo y me dijo que no podía hacer nada. Pero ante la justicia declaró otra cosa, que había hecho gestiones sin éxito. No me consta si las hizo o no. Pero dejó a la intemperie a varios jesuitas cuando era provincial.

P. Pero desde su puesto ¿Podría este Papa cambiar algo de este mundo actual que usted ve tan terrible?

R. Podría cambiar algo, sí. Wojtyla cambió las cosas en Polonia. Pero hay muchos problemas en el Vaticano mismo, intereses muy poderosos y no precisamente creyentes, salvo en el dinero. Por eso me parece muy difícil que arregle nada, aunque ponga la mejor voluntad.

P. Y movimientos como el de los indignados en España o el Yosoy132 mexicano… ¿Pueden ellos modificar las cosas?

R. Me parece bien que la juventud se mueva. Pero por poca experiencia que tenga el observador se veía que eso se iba a desvanecer. Por falta de experiencia política, de objetivos claros. Es difícil luchar desde el llano. Antes la política dirigía a la Economía pero ahora es al revés. Me reía para mis adentros viendo a los jefes de Gobierno de Europa reunidos con la directora del FMI, el del Banco Mundial y el del BCE. Estos dictando políticas y los otros, aceptando.

P. Entonces ¿No tiene esperanzas?

R. No. Por ahora no. Tengo la confianza lastimada. Algo cambiará pero yo ya no lo voy a ver.

P. ¿Aunque viva cien años?

R. No creo que llegue a los cien años. Y eso que soy un pretencioso, cuando alguien me da la mano para bajarme de la camioneta le digo que no estoy tan viejo. No desdeño la vida, quiero ver casarse a mis nietos, ver si me dan algún bisnieto… Pero también creo que Dios, si existe, debe estar aburridísimo de su eternidad.

Un trabajo de un grupo de estudiantes de Universidad “La Sapienza”

Hace un tiempo ya, se puso en contacto con La Bitácora, Simona.

Simona pedía auxilio para hacer un trabajo sobre Juan Gelman. Pedía consejo sobre que hacer y como encarar el trabajo, que secciones debería tener y cosas así.

Por falta de tiempo casi no le presté atención, pero le prometí que una vez tuvieran el trabajo terminado lo publicaría en La Bitácora.

Hace unos días me enviaron la presentación del trabajo, con esta carta:

Buenos dias,

le envio nuestro pequeno trabajo sobre Juan Gelman esperando que le guste.
Nos encantaria verlo en la Bitácora si fuese posible (nuestro profesor Stefano Tedeschi seria orgulloso de eso).

Gracias, a usted y esa increible persona y poeta, que nos ayudo a abrir los ojos sobre muchos temas y a entender la fuerza de la palabra.
Tuvimos suerte a poder trabajar sobre su vida.

Saludos,
Simona Esposito, Silvia Listrani, Alessia Caiazzo e Giovanna Lombardi. Universidad “La Sapienza” de Roma.

Como es un PowerPoint bastante pesado para colgar en la Bitácora, os dejo el enlace para su descarga.

El enlace a la presentación de los estudiantes de la Universidad “La Sapienza”