El poeta del no lugar

Por Luis García Montero, publicado en El País

Mientras sus padres le hablaban en ruso y los exiliados españoles le contaban historias de la Guerra Civil, Juan Gelman fue acostumbrándose desde niño al desarraigo. Por eso no se extrañó cuando su poesía empezó a indagar en el realismo de la ciudad para establecer un diálogo con el vacío. Raúl González Tuñón destacó la aparición del primer libro de Juan, Violín y otras cuestiones (1956), por su capacidad de amor a las palabras, a la historia y a las ciudades. El fondo de la poesía del joven Gelman se identificaba mucho con Buenos Aires, una ciudad formada por rusos, italianos, turcos, árabes, judíos y españoles dispuestos a encontrar un lugar definitivo en el mundo. Pero ni al mundo, ni a la poesía, ni a Juan Gelman le gustan los lugares definitivos. La búsqueda parece el único punto de llegada, porque la realidad es tan compleja como el lenguaje y como nosotros mismos. Las negociaciones de Juan con sus realidades fueron perfilando algunos libros firmados por él y por los otros que forman parte de su personalidad, por los distintos personajes que lo habitan. Nacieron de su propia inquietud, al paso de los años y las quebraduras, las palabras de Sydney West, John Wendell o Julio Grecco, voces distintas de un solo poeta verdadero.

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Padre de entonces

Por Juan Cruz, Publicado en El País

Hasta entonces era un hombre silencioso, sus ojos grandes, casi onettianos, parecían llorar un antiguo cansancio; pero de pronto, en la atmósfera que se había hecho en el Ateneo de Madrid, Juan Gelman tomó la palabra, miró al auditorio con sus gafas cortadas, dejó a un lado el cigarrillo y leyó unos versos que ya le habían sobrecogido, y que dejaron allí, como una metáfora, la larga agonía de un hombre a quien la bota militar y su sucia historia convirtieron en huérfano de su hijo.

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Juan Gelman, rabia, amor y poesía

Por José Andrés Rojo – Guadalajara – México, publicado en El País

El Cervantes premia la riqueza de registros del autor argentino

“Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica. Al principio le mandaba versos de un argentino del siglo XIX, Almafuerte, pero no me hizo caso. Así que decidí probar yo mismo. Tampoco me hizo caso. Ella siguió por su camino y yo me quedé con la poesía”. Juan Gelman reconoce encontrarse emocionadísimo con el Premio Cervantes en conversación telefónica desde el Distrito Federal, donde vive hace ya años. “Anoche vi que estaba en la lista de los favoritos, pero me dije: ‘Juan, vos no”, cuenta. Admira tanto al resto de los escritores que se barajaban en las quinielas, que se dijo que esta vez no le tocaba.

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“Juan Gelman marcó a toda una generación”

Publicado en Página12

La primera vez que se vieron Juan Gelman y el cineasta argentino Jorge Denti –radicado en México desde hace tres décadas– fue hace treinta y tres años. Corría 1973 y ambos se conocieron en un taller de la familia Cedrón. Pero pasó mucho tiempo para que el integrante del grupo Cine de la Base –liderado por Raymundo Gleyzer– se cruzara nuevamente con el autor de Violín y otras cuestiones. Después de un encuentro circunstancial en Europa, durante el exilio, Denti y Gelman volvieron a verse hace veinte años en México. Allí surgió la amistad: “Nuestra relación empezó por la gastronomía. Los dos amamos la cocina, tenemos gustos que compartimos, sobre todo la polenta. Y la polenta no era fácil de encontrar”, comenta Denti, realizador del documental Juan Gelman y otras cuestiones, que se exhibirá hoy a las 17 hs. en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502), con la presencia y participación de Tristán Bauer, Jorge Boccanera, el rector de la Universidad Nacional San Martín, Carlos Ruta, y el realizador.

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Poesía de exilio de Juan Gelman

Jaime Ibáñez Quintana
Universidad de Burgos

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El presente trabajo se propone llevar a cabo una aproximación a lo que ha sido la producción poética de Juan Gelman en su época de exilio, deteniéndonos fundamentalmente en el análisis de dicho motivo, así como en aquellos otros temas más sobresalientes que lo acompañan y complementan. Al ser en su poemario Bajo la lluvia ajena, donde el autor con más profundidad reflexiona sobre el destierro, será esta obra la que adquiera un papel predominante en el estudio.

The purpose of this article is to study the poetry of Juan Gelman during his exile, concentrating specifically on the analysis of this material as well as the other important topics that accompany and constitute it. As it is in Bajo la lluvia ajena that the author eflects most on exile this will be the primary focus of this article.

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El pibe Juan

Prosa autobiográfica por Juan Gelman

Las sirenas de los barcos bufan, las embarcaciones sueltan amarras en una calle polvorienta en la que inician un camino José Gelman y Paulina Burichson, junto a sus hijos Boris y Teodora, padres y hermanos del poeta. En la bitácora del barco alguien anota el testimonio de la infancia: el ambiente familiar en la casa de Villa Crespo, el niño turbado por el amor, el que junta papeles plateados en la calle, las manos pequeñas en el océano del piano, el olor del primer poema, el murmullo del barrio, los inicios del grupo El Pan Duro.
El único argentino de la familia soy yo. Mis padres y mis dos hermanos eran ucranianos. Emigraron en 1928. Mi padre era un socialrrevolucionario que había participado en la revolución de 1905. Yo no lo supe sino mucho después, en 1957, cuando encontré en Moscú a dos tías y a una prima que aún vivían en la casa de madera donde mi padre se había refugiado, y de la que debió escapar porque la policía del zar le pisaba los talones. Después anduvo por otras regiones de Rusia, vaya a saber por dónde, hasta que decidió ir a Buenos Aires. Llegó por primera vez en 1912, escapando del servicio militar.
Con un pasaporte falso partió hacia Génova. Ahí supo que zarparían dos barcos: uno hacia Nueva York y otro a Buenos Aires. El de Buenos Aires salió primero y en él se fue. Vivió en la capital argentina hasta que regresó a su tierra de origen, en los inicios de la revolución rusa, Volvió esperanzado porque eran momentos de cierto pluralismo. Como todo mundo sabe, los espacios se fueron cerrando.
Lo que lo desilusionó fue, sobre todo, la expulsión de Trotsky del Partido Comunista y su destierro en Alma Ata, en la frontera de Manchuria. Aunque él no era trotskista en absoluto, admiraba a Trotsky y pensaba que con su salida de escena se terminaban las últimas posibilidades de un debate democrático en la Unión Soviética. Entonces se fueron todos con pasaportes falsos, inaugurando así la tradición de pasaportes falsos en la familia. Mi hermana tenía tres años.