Defender la alegría como una trinchera

Defender la alegría como una trinchera

Si lector a pie de calle, tras devorar el libro, supiera que la obra era, en su primera versión, una rigurosa investigación de más de un millar de páginas de un académico de Literatura profesor en Yale, North Carolina y Rider University, sencillamente no lo creería. Exenta de toda jerga y fárrago teórico, más bien se asemeja a la apasionante novela de una vida, pero sabiamente contrapunteada con la glosa sensible de unos versos indestructibles y algunas inteligentes reflexiones sobre compromiso político -quizá más correcto sería decir ético- del autor. Los dos polos que jalonan esa vida: lucha y poesía.

Se trata de Juan Gelman y su tiempo: historias, poemas y reflexiones, la primera biografía sistemática y completa del bardo argentino un un año después de su muerte, publicada por Alrevés, con prólogo de Rosa Regàs. Pero llamar biografía a esta delicia de poco menos de 300 páginas la desmerece, porque el trabajo de Hernán Fontanet (Buenos Aires, 1966), un inquieto investigador de múltiple nacionalidad que reparte su año académico entre Nueva York, Barcelona y su ciudad natal, es mucho más que eso.

Acabado su doctorado, a comienzos de 2000, Fontanet circunscribió su investigación a la literatura nacida en la dictadura argentina con trabajos como The Unfinished Song of Francisco Urondo y ya acicateado por la crítica poscolonialista y la Teoría del resentimiento (School of Resentment) de Harold Bloom centró sus estudios en el Premio Cervantes 2007. “La obra de arte, me decía, no debe ser encasillada por ninguna escuela ni teoría que le haga decir lo que de alguna manera está predeterminado”, recuerda Fontanet. “El hecho artístico tiene una realidad autónoma, una entidad independiente de cualquier intento de clasificación y cosificación. Como lo comprendía Gelman y como lo expresa a través de su obra, la poesía debe sobreponerse a cualquier intento propagandístico”.

De allí el enfoque a tres bandas de su trabajo. “El libro propone un recorrido por los 83 años de vida de Gelman y por cada uno de sus libros. Entendí que la mejor manera de retratar una vida tan rica requería un abordaje tripartito. Por eso, conjugo permanentemente tres categorías: la biografía del poeta, su obra literaria y su compromiso político”, explica. Y está claro se lo exigía el autor de Cólera buey (1964).

El pasado

“¿Cómo leer la obra de Gelman ignorando que sus padres y abuelos sufrieron el mismo asedio y la misma persecución religiosa y política que sufriría luego él a lo largo de sus años de exilio y proscripción? ¿Cómo desconocer la impronta de los años 30, con la lírica hipnótica del tango que tanta impresión causa en sus años de juventud? ¿Cómo no mencionar su participación en Montoneros, la llegada de la dictadura, la soledad del exilio, la derrota y el desengaño, el amor salvador, el México más transparente y la paz de los últimos años? ¿Cómo no incluir en el recorrido literario todas estas dimensiones fundamentales de su biografía, si todas ellas forjan su andar poético más profundo?”, repasa autor y no son preguntas retóricas, porque las responde con creces.

Y donde esos tres planos se superponen e imbrican, Fontanet encuentra la tesis de su trabajo: “Disputar la semántica” como la gran tarea vital del poeta, erigiendo una palabra libertaria frente a los discursos del poder. “Gelman entendió muy bien que la palabra como mercancía está siempre en el centro de una disputa, que en el terreno verbal se entablan batallas de poder y que en esa contienda, el poder, valiéndose del oro y de la espada, impone su rigor. Es la primera de la teoría poscolonial: Quien domine el relato, detentará el poder. La obra de Gelman podría interpretarse, como un gran esfuerzo literario por crear una corriente alternativa frente a ese descorazonador relato oficial. La palabra de Gelman, pretende renombrar lo mal nombrado, desmentir el relato de la usura, sacudir el polvo de la indolencia y escalar las torres de las academias y tomarlas por asalto como bastillas. Volver a darle a la palabra el mágico brillo de la invención y la aventura, esa es la tarea”, explica el autor.

Si tuviera que escoger un periodo de su obra Fontanet no lo duda: sus últimos títulos. “Es un Gelman ya libre de mandatos literarios y ataduras políticas. Sus batallas ya habían sido dadas, algunas ganadas y muchas pérdidas, sus tragedias personales habían sido superadas con dolor y estoicismo. Lo que queda es una valiosa experiencia de vida, una obra en directa relación con las cuestiones más importantes de la trascendencia humana, como son la muerte, la nada y el sinsentido. La mirada atrás es placentera. Costó sangre, sudor y lágrimas, pero no ha sido en vano. No hay remordimiento. Hay reconocimiento y aceptación”, explica.

De ahora en adelante

Como tampoco duda el biógrafo a la hora de sintetizar su legado: “A pesar de sus innumerables tragedias personales, como el secuestro de sus hijos, la desaparición de su nuera, el robo de su nieta -recuperada 23 años más tarde- y tres condenas a muerte, decretadas por organizaciones de izquierdas y de derechas, la obra de Juan Gelman se yergue indómita, ética, irreductible, vital y revulsiva. Una de las grandes lecciones que aprendemos del poeta argentino nos remite a las palabras de otro gran poeta, Mario Benedetti, cuando escribe Defender la alegría como una trinchera. Ante el infierno de los centros clandestino de detención, Gelman contrapone el arma poderosa de su poesía, con la que logra sortear el pesimismo y descifrar el código secreto de la aceptación y la alegría”.

Coherencia y entereza son, para Fontanet, las palabras que mejor definen el recorrido vital del autor de Salarios del impío. “Sus ideales políticos, junto a su pasión por la poesía y el periodismo, lo han mantenido con vida, le han dado sentido a su existencia, y han formado parte de los tres pilares que conformaron su imagen pública”, explica el investigador. “Con ellos ha sabido construir su forma de resistir los embates de la tragedia, conjugando arte con justicia, creación literaria con denuncia social y la revolución de la palabra con la revolución política. Su obra lo sobrevivirá con la dignidad que merece”, concluye.

Articulo publicado en El Mundo por Begoña Rivas / Imagen de Ulises Culebro

Colaboración para documental homenaje a Juan Gelman

Mi nombre es Ticiana Ghiglione y, al igual que much@s de vosotr@s, siento admiración por Juan Gelman, por su obra y por su lucha. Es por ello que estoy trabajando en un corto homenaje y necesito material audiosisual para llevarlo a cabo. Me sirven fotografías suyas, vídeos y sonido. Os agradecería vuestra colaboración si contáis con material de vuestra autoría que sirva para el homenaje, por descontado se citará al autor/ de las imágenes en los créditos. Os dejo mi correo para que podáis contactar conmigo: tgdarriba@hotmail.com Muchas gracias!

“Por primera vez el Estado me está devolviendo algo”

“Por primera vez el Estado me está devolviendo algo”

Por Victoria Ginzberg

Tenía 16 o 17 años. Iba en el auto con su madre adoptiva. Salían del Club Náutico Bouchard, por Libertador, a la altura de la Escuela de Mecánica de la Armada. La mujer, que manejaba, soltó un insulto dirigido a un militar. Angela preguntó por qué. “¿Cómo por qué? ¿Vos me preguntás por qué? Si los militares mataron a tus papás.” Angela se quedó helada, en shock, se le caían las lágrimas. En Vicente López la mujer volvió a hablar: “Pero si vos sabías… te lo dije muchas veces”. Pero no. “A tus papás los mataron los militares, cómo no los puteás”, es el primer registro de Angela sobre lo que a partir de ahí y de a poco comenzó a reconstruir como su propia historia. “Pero entonces… ¿y el accidente de auto?”, se quedó pensando. Angela Urondo no vota, dice Angela Urondo. Angela Urondo no tiene un documento que diga Angela Urondo. Pero Angela Urondo existe. Y cómo. Dibuja, escribe, es esposa, madre de dos niños pequeños e impulsa varios juicios. El que acaba de terminar en Mendoza en el que se juzgó el asesinato de su padre y la desaparición de su madre, los procesos contra los funcionarios judiciales que hicieron todo lo posible para evitar que ese juicio se concretara y otro más, para recuperar su nombre, el nombre de sus padres en la partida de nacimiento y acabar con lo único que todavía la une a su familia adoptiva: los papeles, el DNI.

Angela Urondo es hija de Francisco “Paco” Urondo y Alicia Raboy. Pero a ella no le fue tan fácil saberlo. El 17 de junio de 1976, en Guaymallén, Mendoza, el auto en el que viajaban los tres junto a René Ahualli fue interceptado y atacado a balazos. Urondo, poeta, periodista y desde hacía unas semanas responsable de la regional Cuyo de Montoneros, les dijo a las mujeres que había tomado la pastilla de cianuro para que ellas se fueran, se escaparan. No era cierto. Lo asesinaron a los golpes, con un culatazo en la cabeza. Raboy fue secuestrada y llevada al D2, el centro clandestino más grande de la provincia. Hasta hoy sigue desaparecida. “La Turca” Ahuali fue herida pero logró escapar. Angela tenía once meses. Fue encontrada por su familia veinte días después en la Casa Cuna. Antes, pasó también por el D2.

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