Por Vicente Muleiro (tomado de Clarin)

Con Juan Gelman es mejor hablar de poetas que de poesía. Encolumnado entre los que dicen no conocer las claves de su proceso creativo, cabe sospechar que acaso no sea tan así. Claro que siempre hay muchas cosas para hablar, a través de la línea telefónica, con quien aquí, en Buenos Aires, acaba de sacar su nuevo libro Mundar (Seix Barral) donde se anota en un optimismo histórico a prueba de derrotas.

Aunque tiene residencia permanente en México, por estos días está en Segovia, España. Es uno de los pocos argentinos que participan del gran encuentro literario europeo “Hay Festival”. La razón del diálogo es, por excelencia, el flamante poemario sobre al que el remiso Gelman se prende más cuando se le apuntan las temáticas: fundamentalmente la permanente vecindad entre la pérdida (política o vital) y su reverso: lo que hay para ver y celebrar en este mundo donde él “munda” como una voz cada vez más potente en el ámbito de la lengua castellana.

-En su nuevo libro, “Mundar” ¿ve continuidad o desplazamientos con respecto a su última obra?

-Por un lado es una continuidad porque sigo con una composición muy breve, no sé si es un tema estilístico o simplemente fiaca. También hay desplazamientos. Pero en fin, es lo que va saliendo. Uno no se puede proponer escribir poesía de tal o cual manera. Salió así, créase o no.

-El tono se emparenta con “País que fue será”, entonces, ¿dónde estarían los desplazamientos?

-Percibo una mayor tendencia hacia la abstracción. Y no sé más.

-La musicalidad es fundamental en su poesía y en “Mundar” eso que usted llama abstracción se lo puede relacionar más con un pensar que se va musicalizando con la poesía.

-Sí, puede ser así. Pero cuando digo abstracción lo digo entre comillas, porque para mí la palabra sigue siendo materia.

-¿Hubo algunas lecturas que lo acercaron a un pensar, digamos, más filosófico?

-No.

-Hay mucho menos utilización de recursos clásicos en su poesía como las barras y las preguntas.

-Es verdad, pero jamás tengo ideas claras sobre lo que hago, creo que es imposible tenerla. En fin, no quisiera caer en una virginidad fingida, pero siempre me conté entre los poetas a los que les cuesta explicar cómo es su proceso creativo. En verdad para mí la poesía es un instrumento para saber algo del porqué de la vida, de la historia en general, siempre pienso que escribo para saber qué me pasa. Algunas visiones críticas ajenas me ayudan, me dan pie para pensar y otras no tanto. Usted sabe que hay millones de definiciones sobre la poesía, sin embargo todavía no sabemos con certeza qué es.

-¿Hay algunas definiciones sobre la poesía que le interesan?

-Me interesan dos. Una de José Emilio Pacheco que dice que la poesía es la sombra de la memoria, aunque a veces creo que es la sombra de esa sombra. La otra definición es de una canción popular mendocina del siglo XVIII que dice que la poesía es un árbol sin hojas que da sombra.

-Sobre su obra se han escrito definiciones como la de Eduardo Millán en la antología “Pesar todo”: allí dice que su poesía es un concentrado de memoria, experimentación y conciencia. ¿Está de acuerdo?

-¿Usted está de acuerdo?

-Me parece que no está mal, pero que no lo define todo.

-Eso es lo que pasa siempre, ninguna poesía se define del todo.

-También está el ensayo de Jorge Boccanera donde trata de combatir el malentendido de que lo suyo es una mezcla de Vallejo con el tango y abre sus influencias a un espectro mucho más amplio.

-Eso es así, está bien. Pero a veces recibo libros que quieren explicar lo que hago y a algunos ni los leo. Explican la literatura sin contexto, como una abstracción de laboratorio que no conecta con la obra. Hay tipos que parten de la percepción de que una mesa es un elefante. Pero uno mira y no se le ven las orejas, los colmillos, entonces yo insisto, lo que pasa es que esto es una mesa, no es un elefante. Una vez dije eso en una charla donde había críticos, yo no sabía, y se levantaron cinco.

-¿En la Argentina?.

-No, en San Diego.

-Pero usted les quiere quitar el trabajo a los que se dedican a la crítica.

-No, no. Lo que yo quiero es que no me jodan.

-Vamos al libro, a “Mundar”. En el poema Escondrijos, dedicado a Carlos Monsiváis, plantea los límites del lenguaje, el esfuerzo por decir lo innombrable. Le cito: “El envión de la palabra la/ lleva al borde que no/puede cruzar”.

-Y sí. La poesía siempre da esa batalla, por esa misma tensión es que utilizo otros recursos como verbalizar sustantivos o sustantivar verbos. Es que de eso se trata, de darle nombre a lo que no lo tiene todavía, eso es extremadamente difícil.

-También hay, reiteradamente en este libro, una convivencia entre la tragedia y el consuelo, versos como… “desastre que/dice al lado adiós”.

-Creo que no se trata de consuelo sino de una convivencia mejor, de una comprensión mejor de lo propio. Para mí el gran consuelo es la poesía.

-Hay también expectativas esperanzadas eso de “rostros que empiezan de nuevo” o “la boca/abierta a vientos de nacer”, entre otros. Y, por excelencia estos versos “obligaremos al futuro / a volver otra vez”. Nada menos.

-Es ese futuro con el que soñamos muchas veces en otras épocas. Es un intento de dar existencia al futuro y por lo tanto también al presente. Qué le voy a hacer, soy un esperanzado sin remedio.

-¿También en términos políticos?

-También en términos políticos, aunque hay períodos de la historia, como el que atravesamos, donde las expectativas de cambio retroceden a zonas pantanosas. Pero la misma historia demuestra que hay flujos y reflujos y que la expectativa vuelve. Todo esto tiene que ver con la utopía. La utopía jamás se cumple, fracasa, pero deja una renovación y la idea imperiosa de retomarla. Pero yo no creo que vea ya otra etapa de renovación.

-¿Cómo se lleva con la idea de la muerte?

-Yo me llevo bastante bien, no sé cómo se llevará ella conmigo. Es algo que inevitablemente espero que ocurra, pero cuanto más tarde mejor.

-¿Se rebela?

-No, no me rebelo ya a los 77 años; no le tengo miedo, sólo espero que ocurra lo más tarde posible.

-¿Está escribiendo actualmente?

-Después de dar un libro siempre viene la depresión posparto, pero sigo escribiendo. Claro que el tono que alcancé en los últimos libros ya me parecen una maquinita de hacer versos, entonces hay que pararla. Si uno consolidó un tono, lo primero que hay que hacer es parar la máquina y después vendrá otro tono o no vendrá. Cuando no hay una obsesión lo que aparece es la repetición y a este tono ya va siendo hora de abandonarlo.

-¿Es la máquina de hacer versos que va parando?.

-No. Hay que ayudar a pararla.

-¿Cuándo viene a Buenos Aires?

-Este año ya no. En algún momento del año que viene.

-Finalmente. ¿En qué punto está el tema del crimen de su nuera en Uruguay?

-En Uruguay el caso fue clausurado por la Ley de Caducidad. Con mi nieta hicimos una presentación en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La Comisión reconoce que Tabaré Vázquez hizo avances en el terreno de los derechos humanos, pero considera que esa Ley de Caducidad es violatoria de otros tratados al impedir averiguar la verdad. El tema seguirá con nuevas audiencias.