El autócrata norcoreano ha subido las apuestas en estos días: retiró a sus 50.000 trabajadores del complejo industrial de Kaesong –única empresa conjunta de las dos Corea, en la que el Sur pone la tecnología y el Norte la mano de obra barata–, amenazó a Japón con destruirlo, instó a los extranjeros a abandonar Corea del Sur y, en suma, anunció que iniciará una guerra nuclear. Seúl subrayó que su país enfrenta un “peligro vital”, Japón instaló baterías antimisiles en Tokio, el Pentágono reforzó su presencia en las maniobras militares conjuntas Corea del Sur/EE.UU. que se realizan en el Mar de China, pero se observa un fenómeno curioso. O no.

La población norteña, a pesar de la retórica bélica imperante, no vive agobiada por el pánico, más bien predomina una actitud ambivalente: si hay guerra pelearemos, dice, y ese “si” viene cargado de dudas sobre la posibilidad real de un conflicto (AP, 11-4-13). Está acostumbrada a esa clase de desplantes discursivos. Lo mismo ocurre con los sureños y, a pesar de que Pyongyang ha instalado un lanzamisil en su costa Este, el general Chuk Hagel, secretario de Defensa estadounidense, declaró que “no diría que veo algo que me haga pensar que éste es un ciclo diferente” de las anuales actitudes amenazadoras de Pyongyang (www.cnn.com, 10-4-13). Subrayó que el Pentágono cuenta con medios más que suficientes para manejar cualquier eventual incidente.

La verborrea belicista de Pyongyang parece muy alejada de ciertos hechos: acaba de movilizar a un millón de soldados y reservistas para trabajos agrícolas en arrozales y la plantación de repollos y otros productos del campo cuando, según las declaraciones de Kim Jung-un, deberían estar concentrados en los umbrales de un guerra. Esto ocurre cada año. “Corea del Norte no podría cultivar sin el ejército y su labor principal consiste en erradicar la malnutrición” (www.nytimes.com, 1-6-05). Las desastrosas políticas agrarias de la dinastía Kim han puesto a los norcoreanos al borde del hambre, y la situación se ha agravado desde que Occidente cesó su ayuda alimentaria en razón del programa nuclear de Pyonyang (www.cbs.news.com, 13-4-12). El país nunca ha conseguido cosechas abundantes a pesar del trabajo extra de soldados y reservistas, cuyo número asciende al 25 por ciento de la población.

Se estima que toda esta fanfarria de Kim terminará en el lanzamiento de un misil que caerá en el mar sin tocar ni uno solo de los objetivos anunciados. Sería un ensayo más y le serviría para salvar la cara (www.washingtontimes.com, 5-4-13). “Los hemos visto lanzar misiles en el pasado”, recordó Jay Carney, vocero de la Casa Blanca, y agregó que no sorprendería a EE.UU. que Pyongyang probara otro.

Un tema de fondo es la posición de China, el único aliado o semi que Corea del Norte tiene en la región y probablemente en todo el mundo. En ocasiones anteriores, Beijing ha intervenido para calmar los pujos guerreros de Pyongyang y el presidente Xi Jinping usó palabras fuertes en el foro económico para Asia que tuvo lugar la semana pasada. Instó a establecer en el continente “una seguridad muy amplia y solidaria a fin de que la aldea global se torne un gran escenario de desarrollo común en vez de convertirse en una arena donde los gladiadores combaten entre sí”. Y agregó: “A nadie debe permitirse el transformar a la región, o incluso al mundo entero, en un caos para obtener ventajas egoístas”. (//news.xin huanet.com, 8-4-13).

Muchos medios y gobierno estimaron que estas palabras estaban dirigidas a Corea del Norte, pero también se aplican a EE.UU., cuyo plan llamado de “contra provocación” incluye el envío a la región de bombarderos nucleares

B-52 y B-2. Beijing considera esto una avanzada del cerco que la Casa Blanca se propone levantar contra su rival económico más importante, pero se pronunció públicamente contra el programa nuclear de Pyongyang.

Hong Lee, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, afirmó que su país “ha abogado de manera insistente por la desnuclearización de la península y por el mantenimiento de la paz y la estabilidad en la región” (www.cnn.com, 3-4-13). Cabe recordar que, por primera vez, China aprobó junto con EE.UU. la resolución 1874 del Consejo de Seguridad de la ONU que en el 2009 impuso nuevas sanciones económicas y comerciales a Corea del Norte en razón de su programa nuclear.

Hay sectores de la dirigencia china que, incluso antes de la crisis actual, han abogado por retirar todo apoyo a Pyongyang. Deng Yuwen, subdirector de la revista de la Escuela del comité central del partido comunista chino, publicó en el Financial Times un artículo en el que afirma que Corea del Norte ya no es un Estado tapón estratégico para China y que es preciso unificar a las dos Corea (www.ft.com, 27-2-13). Deng fue perdió su cargo, pero el debate sigue.