El libro quedó abierto por donde mismo
el marcapáginas parecía un kakariki tan quieto
que daba pena doblarlo.
Se quedó en la antepenúltima página
donde un helicóptero de juguete
trataba de derribar sin suerte
la cueva del ermitaño.
Hacia tiempo que no volvía al antiguo salón
los cortinajes eran los mismos de siempre
un tanto descoloridos por el uso.
El papel colgaba por algunas partes
con los nombres de esas ciudades que parecían caerse
a trozos.
El sillón de cuero oscuro
en la esquina
donde me sentaba
cubierto de polvo.
La luz entraba por donde mismo
no había ningún edificio nuevo enfrente
el letreto del barecito parpadeante
la viejas naves industriales
la tienda de ultramarinos
los mismos coches de segunda mano
el condenado semáforo
la misma gente
que me encontraba a diario.
Cada foto sobre la cómoda
que mira de frente
parecía interrogarme.
Sonreirías si me vieras aquí
de espaldas de vueltas de todo
con esta edad en la que todo vale.
Ahora es cuando nos toca callar
permanecer inmóviles
para que hablen las cosas
que fuimos enlatando.
Ya sé lo que seré de mayor
pienso ser como uno de esos filibusteros
o un atorado fantasma
que se detiene ante ti.
De todos los utensilios me quedo con este
voy a hacer como que no te quise
para quererte de nuevo.