Mi homenaje, una expresión del afecto que me cobija en México

* Participaron Carlos Monsiváis, Hugo Gutiérrez Vega y Juan Bañuelos, entre otros

César Güemes * Tan sólo con diez palabras, Juan Gelman ya podría vivir de sus versos, como otros viven de sus rentas: ”Tu cuerpo era el único país en que me derrotaban”. Pero no se retira, porque el trabajo del poeta, que es decir el del carpintero, el del tejedor, el del que imagina edificios o los construye, no se acaba nunca, como no se acaba el de nadie que haya hecho de su oficio el motivo central de su cotidianeidad.

Juan Gelman recibió de pie la ovación con que concluyó el homenaje a su vida y obra, con motivo de sus 70 años de existencia, la tarde de este domingo en la Sala Ponce de Bellas Artes. Y pronunció un agradecimiento que no deja de sonar inquietante: “Quiero recordar que alguien dijo que ningún hombre merece ser famoso, y a lo mejor hay que preguntarse si hay alguno que merece un homenaje. Pero tomo esto como una expresión muy fuerte del afecto y la solidaridad que me cobija en México, una tierra que uno sólo puede amar inevitablemente, la tierra que elegí para vivir, para morir”.

No hubo tiempo más que para el mínimo sobresalto y, enseguida, para el aplauso.

Su universo poético

Antes, Carlos Monsiváis había dicho: “Juan Gelman nada le aporta a la poesía, nada salvo la poesía de Juan Gelman, ese universo insólito al que las generaciones se irán acostumbrando; desbordante en imágenes y en frustraciones del lector tradicional; forjado en las estratagemas que hablan de un oído excepcional y de una técnica asombrosa que siempre desconfía del impulso original. Se entiende el culto por la poesía de Gelman ahí donde sus libros en las circunstancias que sean, aun las más trágicas, se difunden. Gelman mezcla en su obra dos características únicas: no halaga al lector y lo decepciona si éste busca una poesía límpida, aplicable a las necesidades de la cita fácil. Al mismo tiempo, se dirige al lector, su semejante, su hermano, su camarada, y le confía las dichas inesperadas de la imagen; la búsqueda de lo imprevisible a través de lo urgente”.

Hugo Gutiérrez Vega, en su turno, enumeró puntual los caminos que llevan a Gelman: “Buscar la luz, abrirse paso entre la cerrada tiniebla, no aceptar la derrota y hacer de la desesperanza una manera de reconciliarse con el mundo, de hacer un pacto de no agresión o un acuerdo de tregua prolongada con la historia y todos sus horrores, injusticias e insensateces. La poesía de Juan Gelman, que para nuestra fortuna escogió a nuestro país para seguir adelante en la vida y en su trabajo creativo, que en pocas palabras nos ha hecho la gauchada de quedarse a vivir entre nosotros, reúne esas características y nos ayuda a reconciliarnos con los días y las noches y a redescubrir el asombro y la gloria de los alimentos terrenales”.

Mientras que Juan Bañuelos, luego de dibujar los puntos en varías íes de la realidad social del país, invitó franco: “Hoy sólo propongo para celebrar tu cumpleaños que remplacemos la melancolía por el valor, la duda por la certidumbre, la desesperación por la esperanza (como tú lo has hecho), la queja por el deber, el temor por la fe en la paz y el orgullo por la dignidad. Nuestros únicos enemigos son los responsables de la muerte y la miseria. Nosotros sólo amamos como un modo de vivir, de pensar, de estar en el mundo; todos sabemos que sólo hay poesía en la medida en que el poeta no miente, y que hoy no mentir es actuar como tú lo has hecho para que la luz gane la partida”.

Vale decir que fue Evodio Escalante quien encontró en la amplia producción de Gelman la cita del inicio, y que antes de llegar a ella, deslizó esta duda con su correspondiente certeza: “Puede ser, igual, que la existencia no sea sino la historia de un destierro que no termina nunca. A la hora de la noche más negra, sin embargo, cuando más derrotado está, cuando más en sus huesos, el poeta sigue triunfando”. Triunfa en el hallazgo de Eduardo Hurtado: “Amorar no es cosa fácil. El que amora camina por el filo de la pérdida, debe asumir las fatigas que acarrea la persistencia en el amor. Con este verbo esencial el poeta rechaza las comodidades de la sinonimia”. Y triunfa Gelman en palabras de Víctor Sandoval: “Querido Juan: te queremos siempre aquí, entre nosotros, ejerciendo este oficio que dices no es el tuyo”.

Porque, como decía Monsiváis a modo de brevísimo prólogo a su intervención: “No he entendido muy bien por qué a Juan Gelman se le ha dicho aquí poeta del exilio… Que yo sepa sigue viviendo en México”.