Y me construyo en el cincel que clava el aprecio guiado por mis párpados, que dan signos de tejido, que devoran el apliego de un brazo que dibuja un cuerpo sin vida, porque él observa el trazo molecular del primer molde que antecede el rugir bestial que corta el paso atosigado del fuego carnal; aprieto mis venas como diamantes que se hunden en una máquina que azora las raíces que aguijan el lenguaje de mi estómago… ¡Bebe el premio de mi sangre! Pues tú me antecedes el relieve de arcilla que escinden las ramas de tus abríos nacidos en sol. Clave que brotas en el bozal de la nada, vuestro sonido es auténtico como el habla de un clítoris recién mordido. ¡Acompaña el rostro que desprende el cauce solemne de mi río en otoño!

La seña dispuesta bajo la cima del garbo, promueve la combustión de una boca que solicita el cauce sideral de sus misceláneos buques eróticos; sedientos años han pasado para que el trópico navío cortejara el hambre que desprende el sacro-encuentro que renueva los coitos de Dios… ¡Amar la fiebre que deshoja el pulso espinar del frío principado que aguda en su oscuro reino (constelación de virgo)!

Yo he volado tantas veces, que tú me has traído junto a los cielos de oriente un fin en sienes, pero el encargo enrojeció el tumulto cuerpo que trenza en la flor dorada, pues los trigos despertaron el ondulo aceite que dentro de tu G ha sido el beso de los siete cielos de dharma. ¡Ciclos vienen en el musgo de tu sabia arma nuclear! Tú querías ser el uno de mi vida…

Genero la actuación, concibo la venta, el guardián bondadoso promueve el depósito que inclina la holgura de tu ave, y mis manos escoltan el precio oportuno de mi riqueza junto a la belleza de tu ánima; esta finca se adueña de la vasija que dará luz, a quien no es, quien tiene apetito en búsqueda de ser en los músculos de quien asume el prestigio vincular de tu columpio visceral.

Puede que espere quemado en recuerdos mudos, esos que llaman al suspiro noctívago, pero sus frases gimen el ardor de los cantares que únicamente su cuerpo designa en mis savias… Inmaculado compás de espumas que orbitaron miles de sombras, el magnífico arte de sobreseernos culpables. Contemplando el desafío de los soles, el presagio de oír su voz.
¡Oh mi cosmos, ven a mí! Esa zona cubre su femenina esencia, es el signo fiel de amar sin perjuicios. ¡Arrebáteme una infamia cuando nuestras manos sujeten a la obscuridad!

A %d blogueros les gusta esto: